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Etiquetas en los primeros años de vida o cómo impulsar nuestros sueños


por Roser Claramunt, 21-08-12 en Blog de Roser Claramunt, Inteligencia emocional.

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¡Cuántas veces hemos dejado de hacer algo porque nos parece que “no podemos” o porque nos han dicho desde la niñez que “hacer esto o aquello no te dará de comer”, “no puedes hacer esto porque tú no vales para ello”, “no hables, harás el ridículo”, “eres inútil”, “no saldrá bien”!.   A lo largo del día, utilizamos muchísimas frases en nuestro “diálogo interno” que hemos interiorizado en estos primeros años.  Estos diálogos, esas palabras que nos decimos a nosotros mismos antes de o durante una actividad, pueden impulsar o frenar nuestra conducta.  Ser conscientes de lo que nos decimos interiormente y de cómo nos lo decimos, determina nuestros sentimientos y nuestro comportamiento.

Efectivamente, es en los primeros años de nuestra vida cuando somos más permeables a los mensajes, comportamientos y actitudes que observamos a nuestro alrededor, a través de nuestros padres, familiares, profesores, … y medios de comunicación; esos primeros años determinan, en parte, esos diálogos internos.  Y decimos, en parte, porque, aunque es verdad que, con el tiempo muchas de estas creencias cambian casi sin darnos cuenta  (no es lo mismo la “belleza” para un adolescente que para una persona que ha cumplido los 40 años, por citar un ejemplo), también es cierto que podemos cambiarlas a voluntad, y esto es lo que nos permite luchar por lo que soñamos y conseguirlo.

Ya en el siglo I, el filósofo socrático Epíteto nos decía que: “No son las cosas las que nos molestan, sino la interpretación que hacemos de ellas”.  Más recientemente, Albert Ellis, fundador de las terapias cognitivo-conductuales, decía que nuestras creencias contribuyen a los dolores emocionales.  Y apostaba por cambiar dichas creencias autoderrotistas y rígidas, a veces incluso “irracionales”, por otras más posibilitadoras.  ¿Cómo?  A través del análisis racional y de la puesta en práctica de nuevas conductas.  Hagámos la prueba: cambiemos los “no puedo” por “no he podido aún”, los “no valgo para ello” por “¿cómo puedo hacer / qué pasos necesito hacer para ….?”, los “¿Y si no sale bien?” por los “¿Y por qué no?”; y observemos la diferencia.  En los primeros pensamientos, le estamos diciendo a nuestra mente que estamos bloqueados, que no podemos hacer nada. En los segundos pensamientos, le estamos diciendo a la mente: Haz algo! Actúa!.

Y es que, demasiado a menudo, las personas actuamos como si lo que creemos fuera cierto, por eso, cuando creemos que no podemos hacer algo en concreto, nuestro comportamiento suele confirmar que no podemos hacerlo… es como si de forma automática e inconsciente buscásemos las pruebas que nos confirmen que estamos en lo cierto.

Si analizamos racionalmente estos diálogos internos, provenientes quizá de una experiencia vivida o de mensajes recibidos externamente a lo largo de nuestra vida, y en vez de “autosabotearnos” constantemente y dejarnos llevar por nuestro piloto automático, nos “autoanimamos” como lo haríamos con el equipo local, con los esfuerzos que hacemos diariamente para adelgazar, para obtener mejores notas académicas, para conseguir un trabajo, para ser mejores profesionales, para impulsar un negocio o emprender, para estar en forma, para dejar de fumar, para mejorar nuestras relaciones familiares, para tener más tiempo para nosotros…. tendremos mejores resultados.  Tratemos pues, nuestros pensamientos, como si fueran las flores de nuestro jardín.

Como adultos, reflexionemos cuando en nuestro interior surja este “no puedo”,… como adultos, pensemos en qué responsabilidad tenemos cuando hablamos a nuestros hijos e hijas, a nuestros alumnos, … y cuidemos al máximo nuestro lenguaje.  Si evitamos ponerles etiquetas a su particular e irrepetible forma de ser (todas las personas somos únicas y singulares), si animamos su creatividad innata en vez de frenarla, estaremos contribuyendo a formar personas libres y seguras de sí mismas que lucharán por conseguir sus sueños, por vivir plenamente.

Artículo original escrito por Roser Claramunt (@kaizensingular)

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